domingo, 8 de septiembre de 2013

Benditos.

Los benditos mordiscos que nos regalamos a la orilla del verano.
El infierno de tus labios sobre mis clavículas, salitre y arena.
Nos convertimos en dueños de las mareas sobre un mar de promesas veladas.
Nos dijimos adiós tras una puesta de sol que hicimos nuestra, sonreímos.
Quizás lo inesperado sea lo más esperado en una ciudad sin salitre y con camas vacías.

miércoles, 16 de enero de 2013

Paso a paso.

Sales de casa sin el móvil, comienzas una ruta sin destino y suena la música en tus oídos. Giras primero a la izquierda, luego a la derecha, a la izquierda de nuevo y sigues recto sin pararte a meditar. Te encuentras un semáforo en rojo y te detienes, levantas la cabeza y observas a los pocos viandantes que vuelven a sus casas en la oscuridad de la noche. El viento de enero roza tus mejillas y cierras los ojos, continúas caminando. La ciudad es tuya y no piensas en nada y piensas en todo a la vez, cambias de canción. Te sientes bien, hacía tiempo que no salías así con las deportivas blancas y la primera sudadera que encontraste en el armario. Sonríes porque te hace feliz la libertad de caminar por cualquier calle, descubrir sitios nuevos y ver a esa pareja que se abraza para combatir el frío. Te detienes en un escaparate y le guiñas el ojo a tu reflejo, mueves los labios al ritmo de la letra de la música y sigues hacia adelante. Reanudas tus pasos de vuelta a casa, con las mejillas sonrojadas y la felicidad en la punta de los dedos.


Esos pequeños placeres que dan la vuelta a tu mundo.